JON SANTAMARIA
FOTÓGRAFO DE BODAS EN SAN SEBASTIÁN
Siempre he sentido que miraba el mundo de una forma distinta. Desde niño, tuve una sensibilidad especial hacia la imagen y la estética, hacia todo aquello que no siempre se ve, pero se siente. La fotografía estuvo cerca de mí desde muy pequeño gracias a mi tío, quien nunca se separaba de su cámara analógica. Pasé muchas horas a su lado mientras me retrataba; con su cercanía y su calma, casi ritual, hacía que esas imágenes cobraran vida. A los diez años recibí de él mi primera cámara, una Polaroid. Sin saberlo, me estaba regalando una forma de mirar el mundo.
Esa forma de documentar los momentos importantes la veía en casa. Mientras mi padre, con su Minolta analógica, se dedicaba a congelar los instantes, mi otro tío lo capturaba todo en movimiento con su cámara de vídeo al hombro. Por eso, la fotografía era algo tan familiar que nunca pensé que podría ganarme la vida con esto.
Años más tarde, cuando empecé a trabajar, quise documentar mi vida y me compré mi primera cámara. Poco después llegó mi primera réflex, comencé a experimentar por pura curiosidad y decidí estudiar fotografía, aunque todavía lo veía como un hobby. Sin embargo, la vida fue llevándome poco a poco hacia ese lugar: a perfeccionar la técnica, a comprender la luz, a educar la mirada y, sobre todo, a amar profundamente este oficio.
Durante mucho tiempo, hacer fotos era solo eso, hacer fotos. Pero un día, algo hizo clic. Entendí que mi trabajo no era apretar un botón, sino detener el tiempo. Era escuchar tu historia y encontrar la belleza en ella.
Porque para mí, esto no es solo técnica. Es confianza. Es saber que me estás entregando un momento que no volverá, y mi deber es hacerlo eterno.
Ahora entiendo que mi verdadera vocación había crecido en mí sin saberlo.
MIS MOMENTOS FAVORITOS EN UN DÍA DE BODA
1. Los preparativos: la magia de los pequeños detalles
Es el comienzo de un día lleno de emociones. Los nervios, las risas espontáneas y los gestos llenos de complicidad entre amigos y familiares crean un ambiente único. Me encanta capturar esos pequeños detalles: la última mirada al espejo, los retoques finales y las manos temblorosas al ajustar los complementos. Son momentos íntimos que cuentan mucho de vuestra historia.
2. El “sí, quiero”: emociones al descubierto
El instante en el que todo cobra sentido. Las miradas que se cruzan, las lágrimas contenidas y los suspiros de quienes os acompañan lo convierten en uno de los momentos más especiales. Es donde las emociones se desbordan, y mi objetivo es reflejarlas de la forma más auténtica y natural posible.
3. La celebración: risas, abrazos y pura felicidad
Después de la ceremonia, la energía cambia. Las sonrisas se multiplican, los abrazos se hacen más cálidos y cada invitado se une a la celebración de vuestro amor. Me encanta capturar esos instantes llenos de vida: los bailes improvisados, los brindis emocionados y cada gesto que muestra la alegría del momento.